La industria turística de Quintana Roo ha sido golpeada repetidamente por la sombra oscura que proyectan los agremiados del Sindicato de Taxistas Andrés Quintana Roo. Mientras que Cancún brilla como un destino turístico codiciado a nivel mundial, en contraparte la reputación de los taxistas la empaña con prácticas abusivas y conductas deleznables.
Tarifas exorbitantes, acoso sexual y robos han sido parte del calvario enfrentado por los residentes y visitantes al optar por un transporte en taxi en este rincón paradisíaco. ¿Quién ha sido el silencioso cómplice? El Sindicato «Andrés Quintana Roo», el mismo que se ha erguido en protestas contra plataformas como Uber, pero que ha ignorado sistemáticamente las quejas y denuncias que han manchado su propia imagen.
Las denuncias ante la Fiscalía estatal revelan una historia perturbadora: más de 500 quejas contra taxistas por agresiones a conductores de Uber. Estamos hablando de un gremio que debería representar la excelencia en el servicio y la seguridad para los usuarios, pero que ha optado por la intimidación y la violencia como su respuesta ante la competencia.
En un momento crucial donde se perfila la sucesión en la Secretaría General del Sindicato, la omisión es atroz. Ningún candidato o candidata ha alzado la voz para abordar estos flagelos que carcomen la confianza en el gremio. ¿Es acaso la calidad del servicio y la integridad de los usuarios algo secundario en esta contienda por el poder sindical?
La impunidad parece ser el aliado más cercano de aquellos que se aferran al status quo, mientras que los habitantes y turistas de Cancún se ven sumidos en una situación de vulnerabilidad al momento de tomar un taxi. Es hora de que los postulantes a liderar este sindicato enfrenten estos problemas de frente y ofrezcan soluciones concretas, no discursos vacíos.
La reputación de Quintana Roo como un destino turístico de excelencia está en juego. Es responsabilidad de las autoridades, de los candidatos sindicales y de los propios taxistas tomar medidas efectivas para limpiar esta mancha y restaurar la confianza en un servicio esencial para el desarrollo económico y la seguridad de la región. Ignorar estas demandas sería traicionar la confianza de quienes dan vida y riqueza a este paraíso caribeño.
