enero 31, 2026
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Redacción / Quintana Roo Ahora

En la política internacional hay declaraciones que suenan más a portazo que a simple aclaración, y la que dio este domingo el primer ministro canadiense, Mark Carney, pertenece justo a esa categoría. Canadá, dijo sin rodeos, no tiene la menor intención de firmar un acuerdo de libre comercio con China. No ahora, no mañana y, al menos en el horizonte inmediato, tampoco en un futuro cercano. La razón es tan jurídica como política: el T-MEC —ese acuerdo que amarra a México, Canadá y Estados Unidos en una coreografía comercial permanente— tiene cláusulas específicas que lo impiden.

La puntualización llegó después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con imponer aranceles del 100 por ciento a Canadá si se le ocurría sellar un pacto comercial de ese tipo con Pekín. Carney, con tono de maestro que repite una lección ya escrita en el pizarrón, explicó que el tratado trilateral compromete a sus socios a no buscar acuerdos de libre comercio con economías que no sean de mercado sin previa notificación. “No tenemos intención de hacerlo con China ni con ninguna otra economía que no sea de mercado”, subrayó ante los medios.

Eso no significa, aclaró, que Ottawa esté rompiendo puentes con el gigante asiático. El objetivo de su reciente visita a Pekín, dijo, fue más bien “corregir algunos problemas que surgieron en los últimos dos años” en sectores clave como el agrícola, el pesquero o el de los vehículos eléctricos. En ese último rubro, recordó que Canadá acaba de acordar una cuota anual máxima de 49 mil autos eléctricos chinos para que entren al país con aranceles reducidos. Una especie de válvula de escape comercial, cuidadosamente calibrada para no desbordar el acuerdo con sus vecinos.

“Esto es totalmente coherente con el T-MEC, con nuestras obligaciones, que respetamos profundamente”, insistió Carney. Pero en la política de Trump, la coherencia rara vez basta. El republicano respondió en su red Truth Social con un mensaje incendiario, asegurando que “China está tomando el control total y absoluto del que fuera el gran país de Canadá”, que el país “se está autodestruyendo sistemáticamente” y que cualquier entendimiento con Pekín “es un desastre”.

Para reforzar su argumento, Trump publicó un video en el que el director ejecutivo de la Asociación Canadiense de Fabricantes de Vehículos advierte que no habrá industria automotriz canadiense sin acceso al mercado estadounidense. Y fiel a su estilo, remató con una mezcla de advertencia y paternalismo político: el acuerdo de Canadá con China “es el peor de la historia”, “todos sus negocios se están mudando a Estados Unidos” y, aun así, él quiere ver a Canadá “sobrevivir y prosperar”.

En el fondo, más que un diferendo comercial, lo que se asoma es la vieja historia del poder, la dependencia y el miedo a perder terreno. Canadá intenta caminar en una cuerda floja entre dos gigantes; Trump, desde su balcón digital, vuelve a recordarle que en esta región del mundo nadie se mueve sin que Washington lo note… y lo comente a gritos.