enero 14, 2026
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Redacción / Quintana Roo Ahora

Quintana Roo.- La extensa mancha marrón visible en imágenes satelitales del Atlántico tropical, que dibuja una franja entre la costa occidental de África y el Caribe, no corresponde a un vertido de petróleo ni a un episodio aislado. Se trata de sargazo (Sargassum), un alga parda flotante que, bajo ciertas condiciones, deja de dispersarse y se concentra en una estructura estacional conocida como el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico. Científicos lo observan con regularidad desde el espacio desde 2011, con picos más intensos en primavera y verano.

En mayo de 2025, estimaciones basadas en satélite situaron la biomasa acumulada en el Atlántico y el Caribe en alrededor de 38 millones de toneladas, superando el máximo previo de 2022. La magnitud convierte al fenómeno en un problema ambiental y económico transnacional, con impactos que cruzan fronteras y temporadas turísticas.

¿Qué es exactamente esa franja marrón?

El sargazo es una macroalga flotante que, en cantidades moderadas, sirve de hábitat para peces y otros organismos. El problema surge cuando las masas se multiplican y se desplazan en grandes agregaciones oceánicas. La NASA describe este patrón como una banda recurrente que puede extenderse desde África hasta el Golfo de México.

El monitoreo satelital es clave por la escala oceánica y la rapidez con que evoluciona el fenómeno. Sistemas como el Sargassum Watch System (SaWS), de la Universidad del Sur de Florida, publican boletines que combinan observación remota y estadística histórica para anticipar riesgos de llegada a costa en el Caribe.

¿Por qué ha crecido tanto?

No existe una causa única. La evidencia científica apunta a una combinación de factores que se refuerzan entre sí:

  • Calentamiento del océano: aguas más cálidas y estaciones más largas favorecen la productividad biológica.
  • Aporte extra de nutrientes: descargas de grandes ríos, deposición atmosférica y procesos oceánicos que elevan nutrientes desde capas profundas.
  • Vientos y corrientes: cuando la circulación empuja el sargazo hacia el oeste, el problema pasa de oceánico a costero.

Cuando llega a la playa

La descomposición marca el punto crítico. Al acumularse en playas o aguas someras, el sargazo consume oxígeno, altera hábitats, sombrea praderas marinas y puede afectar arrecifes. En salud pública, las arribazones masivas liberan gases irritantes, provocan molestias respiratorias y golpean el uso recreativo de las playas.

En Estados Unidos, organismos como la NOAA encuadran estos eventos como una complicación directa para comunidades costeras por su impacto en fauna, artes de pesca y turismo. El costo logístico también se dispara: retirar algas húmedas mezcladas con arena exige maquinaria, transporte y gestión posterior, con el reto adicional de la valorización de un residuo de composición variable.

Un indicador incómodo del océano

La frecuencia es la mala noticia. La recurrencia del cinturón y la repetición de máximos sugieren un Atlántico tropical cada vez más propicio para estas proliferaciones, coherente con un contexto de cambio climático y presiones de nutrientes en cuencas y costas. Más que anunciar un desastre único, el sargazo funciona como un indicador visible de desequilibrios en el sistema océano-atmósfera y en la relación tierra-mar.

¿Qué se puede hacer?

No hay un “botón de apagado” para una floración de escala continental, pero sí líneas de acción realistas:

  1. Vigilancia y anticipación: mejorar mapas, índices y modelos de deriva para activar planes antes de la arribazón.
  2. Gestión en costa: retiradas rápidas y ordenadas que minimicen el enterramiento de arena y la exposición de población y trabajadores.
  3. Prevención a medio plazo: reducir presiones estructurales —especialmente nutrientes— que alimentan el sistema.

Mientras tanto, el cinturón de sargazo seguirá siendo una señal visible de cómo cambian los océanos y de los costos de no actuar a tiempo.

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