Redacción / Quintana Roo Ahora
Cancún.- El tramo elevado del Tren Maya entre Cancún y Tulum, de aproximadamente 80 kilómetros, enfrenta un riesgo estructural serio debido a que está sostenido por cerca de siete mil pilotes colocados sobre suelo cárstico, una formación caliza blanda y porosa, atravesada por cavernas y cenotes, advirtieron especialistas en construcción y espeleología.
En entrevista con TV Azteca, el ingeniero civil Wilberth Esquivel, con experiencia en estructuras en la región, explicó que un hundimiento mínimo podría desencadenar un efecto dominó. “Puede ser fatal un hundimiento de uno de los pilotes; de cinco o diez centímetros jala a los demás, inclina la vía y el tren se sale”, señaló. Subrayó que no se trata de especulación: quienes han construido en la zona saben que el pilotaje debe encontrar un estrato resistente. “No puedes tener pilotes flotando, que no asienten”, afirmó.
El viaducto se asienta sobre un subsuelo de caliza que se disuelve con el agua, proceso natural que provoca derrumbes en cavernas y modificaciones constantes en la estructura del terreno. “Con el tiempo, el agua y la infiltración pueden cambiar el subsuelo donde está asentado esto y eso puede ocasionar un colapso”, añadió Esquivel. En el mismo sentido, el espeleólogo Guillermo Dchristy advirtió que colocar columnas en un suelo en permanente disolución implica que algunas, en lugar de estar firmemente apoyadas, “van a estar flotando”.
A estas preocupaciones técnicas se suma la crítica al proyecto de impulsar el Tren Maya de carga. Pepe Urbina, buzo de cuevas, cuestionó duramente la idea: “Hay que detener esta absurda ocurrencia del tren de carga. ¿Qué es lo que quieren sacar o meter a la selva? Esto parece el inicio de una película de terror donde el especialista advierte y nadie escucha”.
El debate se da en un contexto ya marcado por señalamientos internacionales. En octubre de 2025, el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza determinó que el Tren Maya ha provocado daños graves y permanentes en el sureste mexicano, calificando el proyecto como un caso de ecocidio y etnocidio. Tras inspeccionar en 2024 los tramos 5, 6 y 7, el organismo documentó impactos ambientales significativos, muchos de ellos irreversibles, y responsabilizó al gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, por la vulneración de los derechos de la naturaleza y de los pueblos mayas.
Mientras tanto, las advertencias técnicas permanecen sobre la mesa: en una región donde el suelo literalmente se disuelve con el paso del tiempo, la estabilidad de una infraestructura de esta magnitud no es un detalle menor, sino una pregunta incómoda que sigue esperando respuesta.

