enero 22, 2026
IMG-20260122-WA0034

Paso En Falso

Hay que decirlo sin rodeos: suena “moderno” eso de apostarle a los influencers para vender el Caribe Mexicano. Es el lenguaje de estos tiempos, el algoritmo como nuevo agente de viajes y la selfie como folleto turístico. “Qué bueno”, sí, que la industria hotelera vaya a Fitur con una agenda nutridísima y con la mira puesta en el Mundial habla de un sector que entiende que la competencia es global y feroz. Pero también habla de otro vicio: creer que con cambiar el empaque basta, aunque el producto tenga grietas.

Porque mientras se afinan campañas, se traen creadores de contenido y se planean historias “orgánicas”, hay preguntas que siguen sin aparecer en el guión. ¿En qué momento la narrativa oficial va a incluir, con la misma fuerza, la seguridad del destino o la precariedad de la infraestructura carretera? ¿Cuándo vamos a ver que la promoción no sea sólo un ejercicio de maquillaje digital, sino un reflejo honesto de un territorio que también necesita mantenimiento, orden y políticas públicas que vayan más allá del render y el dron?

La propia gobernadora, Mara Lezama, ha dicho ante medios europeos que se invierte en “todo lo que los turistas ven” para que encuentren la mejor versión del destino. La frase es potente… y profundamente reveladora. Porque entonces la pregunta incómoda es inevitable: ¿y lo que no ven? ¿Las colonias donde viven quienes sostienen el turismo con jornadas interminables? ¿Las calles rotas, el transporte deficiente, los servicios que nunca alcanzan? Parece que ahí la mejor versión puede esperar.

El Caribe Mexicano no necesita sólo likes, necesita coherencia. Está bien contar historias, pero también hay que corregirlas desde la raíz. De poco sirve llenar hoteles si seguimos vaciando de dignidad los entornos donde vive su gente. La promoción sin inversión social es propaganda, y la propaganda, tarde o temprano, se cae. Porque ningún filtro aguanta cuando la realidad decide salir en primer plano.