febrero 10, 2026
633751073_10163719226639770_8823429370993801344_n

Redacción/Quintana Roo Ahora

CHETUMAL.– El discurso de austeridad que Morena ha convertido en bandera política vuelve a quedar bajo la lupa, luego de que la presidenta municipal de Othón P. Blanco, Yensunni Martínez Hernández, celebrara una boda privada en el exclusivo complejo turístico Xcaret, en la Riviera Maya, uno de los destinos de mayor lujo del país.

La ceremonia, realizada el pasado fin de semana, se llevó a cabo de manera reservada y con la solicitud expresa de mantenerla fuera del escrutinio público. Sin embargo, la discreción no fue suficiente para evitar que trascendieran detalles del evento, incluyendo el traslado de invitados al complejo hotelero y la realización de una celebración en un recinto cuyos paquetes de boda superan fácilmente los 75 mil pesos y pueden rebasar los 100 mil pesos, sin considerar hospedaje y servicios adicionales.

El evento resulta particularmente contrastante con el discurso de austeridad republicana que Morena promueve como principio ético y político, y que ha sido utilizado de forma recurrente para criticar excesos de administraciones pasadas. La imagen de una boda de lujo en un complejo cinco diamantes choca con la narrativa de cercanía con el pueblo y moderación en el ejercicio del poder.

Aunque se trata de un evento de carácter privado, la investidura pública de la alcaldesa coloca inevitablemente su vida pública y sus decisiones bajo el escrutinio ciudadano, especialmente en un municipio que enfrenta rezagos en servicios, infraestructura y atención social.

La boda de Martínez Hernández, con Carlos Cruz Osorio, entrenador deportivo universitario, también reaviva el debate sobre la congruencia entre el discurso político y las acciones personales de quienes gobiernan, más aún cuando se trata de figuras que han construido su carrera bajo la promesa de ser distintas a los gobiernos del pasado.

Hasta ahora, la alcaldesa no ha fijado una postura pública sobre el tema. Sin embargo, el caso deja abierta una pregunta recurrente entre la ciudadanía: ¿la austeridad es un principio real de vida pública o solo un recurso discursivo cuando conviene políticamente?