febrero 18, 2026
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Paso en Falso

En Quintana Roo ya no sabemos si vivimos en periodo de gobierno o en temporada alta de campañas adelantadas. Basta recorrer cualquier municipio para confirmar que los espectaculares, las entrevistas “casuales” y las brigadas disfrazadas de programas sociales no son actos de gestión, sino de promoción personal. El Instituto Electoral de Quintana Roo al parecer está durmiendo, pues no se ha enterado que el calendario oficial va por un carril y la realidad por otro. Porque mientras el árbitro bosteza, los suspirantes ya están jugando la final con recursos que no son suyos.

Ahí está Pablo Bustamante, titular de la Secretaría del Bienestar estatal, multiplicando presencia como si cada apoyo social viniera con foto obligada. Eugenio “Gino” Segura, senador que no pierde oportunidad para sembrar estructura territorial con cargo a su investidura. Súmele a Oscar Rébora, que convirtió la agenda ambiental en pasarela política. Y, por si faltara, Verónica Lezama utilizando el DIF como plataforma de posicionamiento. No es percepción: es patrón.

El problema no es que aspiren; en democracia cualquiera puede levantar la mano. El problema es que lo hagan desde el poder, con presupuesto público, personal institucional y agenda oficial. Cuando el erario se vuelve combustible electoral, la cancha deja de ser pareja y la ética pública se convierte en ornamento. Las giras “de trabajo” se sincronizan sospechosamente con distritos estratégicos, las campañas de difusión institucional coinciden con picos de popularidad y las redes sociales oficiales parecen más cuartos de guerra que oficinas de gobierno.

Jorge Sanén lo dijo, es más difícil ser candidato de Morena que ganar la elección constitucional, una frase que suena más que a honestidad, a descaro total. Lo más grave es la normalización. Como si el uso faccioso de recursos fuera parte del paisaje y no una violación al espíritu —y a la letra— de la ley. En un estado donde la oposición luce desarticulada, la contienda real es intramuros, y eso explica la ferocidad adelantada. Pero que la competencia sea entre correligionarios no justifica el abuso. Si el árbitro no actúa, la ley electoral será un adorno más en la pared. Y entonces no hablaremos de campañas adelantadas, sino de una democracia empeñada al mejor postor.