Paso En Falso
Hay un enojo que ya no se disimula. Claudia Sheinbaum frunce el ceño no por capricho, sino porque el reclamo social empieza a colarse por las rendijas de la 4T. La escena en Baja California —el desaire a funcionarios que buscaban una foto en lugar de resultados— no fue un arrebato: fue un mensaje. Gobernar no es posar, y quien no esté en territorio, trabajando, sobra. El problema es que ese mensaje parece no haber llegado a todos… o peor aún, fue recibido y olímpicamente ignorado.
Quintana Roo es hoy un caso emblemático de esa desconexión entre poder y realidad. En seguridad pública, la narrativa oficial se estrella contra los hechos cotidianos. Y en salud, el golpe es más cruel: hospitales rebasados, falta de médicos, carencia de medicinas y una población que escucha promesas mientras espera turnos imposibles. La salud, ese derecho básico, se ha convertido en moneda discursiva, no en prioridad operativa. Y cuando la enfermedad avanza, el discurso no cura.
Lo más preocupante no es sólo la crisis, sino la actitud de quienes deberían enfrentarla. Desde la gobernadora hasta el secretario de Salud, Flavio Rosado, pareciera que la agenda principal no está en los quirófanos ni en las farmacias, sino en las urnas. Rosado ya piensa en la presidencia municipal de Isla Mujeres; otros secretarios hacen lo propio, el de Desarrollo Social (Pablo Bustamante) incluido sin olvidar al senador “Gino” Segura haciendo campaña desde que tomó el puesto, y ni se diga de Oscar Rebora, secretario de Ecología y Medio Ambiente e incluso la misma hermana del a gobernadora, Verónica Lezama que ha hecho del DIF su bandera de campaña.
Cuando Sheinbaum vuelva a Quintana Roo, se encontrará con el mismo paisaje: funcionarios en campaña permanente y gobiernos en pausa. Mucho territorio electoral y poco territorio social. La cuenta es larga y el tiempo corto. Gobernar exige presencia, ética y responsabilidad. Lo demás —selfies, discursos y ambiciones— es rapiña política. Y la gente, cansada, ya no aplaude: reclama.

