febrero 9, 2026
Bad-Bunny-Super-Bowl-Culture

Por Viri Ríos

Miles de voces perreaban, gritaban y coreaban canciones que son auténticas odas al exceso, al alcohol y a la fiesta… pero lo hacían sin una sola gota de alcohol encima.

El concierto de Bad Bunny no estaba lleno de gente borracha, sino de exceso retórico, discursivo. La fiesta no era física, era narrativa.

Para alguien de la generación milenial, la escena resultaba casi alienígena. En nuestros conciertos el exceso no se cantaba: se vivía. No era metáfora, era parte inevitable del paquete.

Tan surreal fue la escena que al vendedor de cerveza no se le acabó la chela, sino el agua. Pasaba entre los perreos y la ropa ligera disculpándose con quien le pedía una botella más.

A la mitad del concierto, entre broma y desesperación, gritó:
“¡Ya no tomen agua nomás!”

Y quizá ahí estuvo la imagen más clara del cambio generacional.