Redacción/Quintana Roo Ahora
CANCUN.- En política, las renuncias nunca son sólo renuncias. Son señales. Así lo dejó ver el periodista Ramón Alberto Garza en el portal Código Magenta, al analizar los movimientos que se desprenden de la salida de Adán Augusto López Hernández y el reacomodo de piezas clave dentro del proyecto de la Cuarta Transformación.
En ese contexto se inscribe la salida de Andrés “Andy” López Beltrán de la Secretaría de Organización de Morena, pero también —y quizá con mayor impacto regional— la de Rafael Marín Mollinedo de la Agencia Nacional de Aduanas. Un movimiento que, lejos de interpretarse como un retroceso, abre la puerta a una nueva etapa: su llegada a Quintana Roo como delegado del Bienestar.


La lectura política es clara. La presidenta Claudia Sheinbaum no improvisa ni delega al azar. La designación de Rafa Marín confirma un mensaje de confianza plena y continuidad con el legado del presidente Andrés Manuel López Obrador. No se trata sólo de un nombramiento administrativo, sino de una apuesta estratégica por “meter en cintura” y rescatar políticamente a un estado clave para el país, no sólo por su peso electoral, sino por su enorme aportación al PIB nacional a través del turismo.
Quintana Roo, históricamente codiciado y disputado, deja de ser un proyecto local para convertirse en un asunto de interés nacional. Y en ese tablero, el movimiento de Rafa Marín Mollinedo envía una señal contundente: el proyecto de la 4T en el estado no quedará en manos de herencias políticas ni de sucesiones automáticas, sino bajo la conducción de alguien con ADN plenamente obradorista y con la confianza directa del centro del poder.
Más que un cambio de cargo, es un reacomodo de fondo. Y en política, cuando el mensaje es tan claro, conviene leerlo sin ingenuidad.

