Paso en Falso
En Quintana Roo el poder suele creerse eterno. Desde el Palacio de Gobierno en Chetumal se intenta hacer circo, maroma y teatro para moldear la sucesión a conveniencia, aunque eso implique vetar nombres incómodos en medios que viven del presupuesto. La intentona de borrar a Rafael Marín de la conversación pública no es una anécdota menor: es la confirmación de que cuando el debate no conviene, se pretende silenciarlo. Y en política, el que prohíbe suele exhibir miedo.
Tras la “asamblea informativa” de Eugenio Segura en Chetumal —más arranque de campaña que acto ciudadano— vino la operación mediática: titulares triunfalistas, fotos de “músculo” y narrativa de inevitabilidad. Al mismo tiempo, minimizar a Marín, caricaturizar a sus aliados y sembrar la idea de que todo está decidido. Pero la propaganda no sustituye legitimidad. Inflar a un delfín con recursos públicos y reflectores oficiales no lo convierte en opción natural, lo vuelve dependiente.
Dos hechos alteraron el libreto. La reforma electoral que obliga a los plurinominales a pedir el voto descoloca estrategias basadas en cuotas y presiones; el Verde, acostumbrado a negociar desde la bisagra, tendrá que medirse en tierra. Y la filtración de una presunta instrucción a los medios de comunicación para no mencionar a Marín terminó por desnudar la operación. Si la respuesta fue una foto para “aclarar” que Mara es “amiga” de todos y no existe un “favorito”, el daño ya estaba hecho: la censura se percibe antes de desmentirse.
Hoy, el Verde juega rudo y presume fortaleza, pero su aporte real es limitado y el chantaje luce agotado. Marín no necesita reflectores prestados: necesita piso parejo, aunque ya demostró tener temple suficiente como para emparejarlo por méritos propios, sin embargo, la igualdad de oportunidades en la democracia, no debería negociarse, y en este caso, podrían pasar factura a la inquilina del Palacio, tiempo al tiempo…

