Redacción / Quintana Roo Ahora
En Cancún hay una habilidad política que se ha perfeccionado con los años: la de escuchar sin comprometerse a nada. Y en el fraccionamiento Donceles 28 parece que están presenciando una clase magistral de ese arte.
Porque sí, los vecinos hablan… y las autoridades escuchan. Escuchan con atención, con cara seria, tomando notas, asintiendo con la cabeza y prometiendo que “lo van a revisar”. Lo que rara vez ocurre es la parte incómoda: resolver.
Más de 50 vecinos se reunieron recientemente para expresar lo que llevan años padeciendo: servicios deficientes, drenaje insuficiente y un desarrollo que, según denuncian, se apropió hasta de parte del estacionamiento. Todo esto en un fraccionamiento donde la infraestructura ya estaba rebasada desde antes de que alguien decidiera que era buena idea levantar otro edificio.
La reunión fue, por decirlo con elegancia, peculiar. Más de medio centenar de vecinos frente a un solo representante del Ayuntamiento, quien como pudo escuchó cada reclamo, anotó cada inconformidad y prometió llevar los mensajes “en las manitas” a su jefa.
Porque así funciona muchas veces la política local: la visita para escuchar problemas sí ocurre; la solución… esa ya depende del calendario, del presupuesto, del humor del día o, en algunos casos, del olvido colectivo. El claro ejemplo la Regidora Susana González
Mientras tanto, en Donceles 28 la vida sigue. Los vecinos ven cómo el fraccionamiento crece sin que crezcan los servicios. Ven cómo el drenaje sigue siendo insuficiente. Ven cómo el estacionamiento desaparece misteriosamente bajo nuevas construcciones.
Y todo esto con la promesa constante de que “se está revisando el tema”.
Este lunes será la última reunión con funcionarios del Ayuntamiento de Benito Juárez. Los vecinos esperan respuestas reales, no solo otra sesión de escucha institucional.
Porque nadie en Donceles 28 está en contra del desarrollo. Lo que cuestionan es ese desarrollo que llega sin planeación, sin infraestructura y, curiosamente, siempre con permisos bajo el brazo.
Si esta vez tampoco hay solución, los vecinos ya dejaron claro que podrían tomar otra ruta.
Y en Cancún sabemos que cuando una colonia llega a ese punto, significa que la paciencia ya se agotó mucho antes de que llegaran las autoridades a escucharla.

