Paso En Falso
Hay políticos que entienden la austeridad como un concepto filosófico: algo que se predica, se aplaude en tribuna… y se ignora en la vida diaria. El senador Eugenio “Gino” Segura parece estar ensayando esa escuela. En papel, según su declaración patrimonial, es casi un monje franciscano: no tiene propiedades, no tiene autos, no tiene ni cuenta bancaria. Un servidor público minimalista, un hombre desprendido de lo material. El problema es que en Instagram no vive un monje, sino alguien que se mueve con la soltura de quien habita el mundo de los desarrollos de lujo, las fotos bien producidas y los escenarios que no suelen estar en el catálogo de la clase media.
De acuerdo con usuarios en X, el senador estaría vinculado con un departamento en Puerto Realty Cancún, un sitio donde hablar de “barato” es casi una grosería y donde los inmuebles arrancan en cifras que rondan los dos millones de dólares. Hagan la cuenta: con un salario anual de poco más de un millón de pesos, necesitaría trabajar como senador unos doce años sin gastar un solo peso en comida, renta, gasolina o vida para poder aspirar a algo así. A menos, claro, que estemos frente a una nueva modalidad de milagro financiero patrocinado por la fe.
La historia se adorna todavía más con la boda en Mazatlán, a finales de 2024, una celebración que —dicen— costó varios cientos de miles de pesos y reunió a políticos y figuras de la farándula. No es pecado casarse bien, faltaba más. El problema es cuando el discurso público habla de apretarse el cinturón mientras la vida privada parece comprar cinturones de diseñador. Y eso sin contar los relojes, los outfits y los famosos tenis Soho de Loro Piana, de esos que cuestan lo que muchos ganan en medio año.
No se trata de linchar a nadie por vivir bien, sino de algo mucho más simple y mucho más serio: la congruencia. La 4T hizo de la austeridad una bandera moral, no un accesorio de campaña. Cuando un senador predica una cosa y exhibe otra, no sólo se desgasta su imagen, se erosiona la credibilidad del discurso completo. Y al final, como casi siempre en la política mexicana, la pregunta no es si puede explicarlo, sino si alguien todavía le cree.
