Paso En Falso
A un paso del 2027, la política en Quintana Roo dejó de fingir que es un debate de ideas y se asumió, sin pudor, como un ajuste de cuentas. Los golpes ya no se dan bajo la mesa, ahora vuelan en conferencias de prensa y en redes sociales, con acusaciones que suenan más a expediente judicial que a discurso democrático. El problema no es sólo el ruido: es la normalización de una lógica donde la lealtad se compra, la traición se cobra y la ética es apenas un accesorio incómodo. Lo que vemos no es competencia política, es una pelea entre grupos que se disputan territorio.
El episodio de Jorge Brizuela Guevara, “El Venezolano”, es una postal perfecta de esta degradación. Primero acusa una “guerra sucia” del gobierno y del senador Eugenio Segura; luego, en cuanto huele el costo político, baja el tono, reparte elogios y se concentra en reventar a Pablo Bustamante- actual secretario del Bienestar en Quintana Roo- con un rosario de historias que incluyen huevitos en la cama de desayuno, maletas cargadas, “pedas” y, sobre todo, una bolsa de 15 millones de pesos en efectivo para una elección. No es una confesión menor: es la admisión pública de que así, “en cash” y en confianza personal, se engrasan las maquinarias electorales.
El retrato que queda es el de una política de compadrazgos y facturas pendientes. Bustamante aparece como el discípulo desleal; otros como los benefactores traicionados; y Brizuela como el mecenas ofendido. Nada de eso es edificante, pero sí revelador. Revela que muchos de nuestros “cuadros” no nacen de una carrera pública sino de una cadena de favores privados, y que el famoso “Día D” -votaciones- se parece más a una operación de guerra que a una fiesta cívica. En ese contexto, las amenazas a periodistas y el silencio selectivo sobre acusaciones graves sólo completan el cuadro.
Mientras tanto, los temas realmente delicados —los desfalcos por las carpas Covid, los contratos inflados, las fichas de inteligencia, los escándalos internacionales— se barren bajo la alfombra con una elegancia que ofende. Aquí no hay aclaraciones, hay maniobras. Y en esa coreografía, todos parecen saber que lo importante no es la verdad, sino llegar vivos al 2027. El problema es que, si seguimos aceptando esta lógica de mafias con logotipo partidista, no sólo llegarán ellos: llegaremos nosotros, otra vez, con la democracia hecha trizas.

