Redacción / Quintana Roo Ahora
Cancún,QR.-La puesta en operación de 70 nuevas patrullas equipadas con sistemas de reconocimiento facial, lector de placas, cámaras de vigilancia y botón de pánico ha abierto un nuevo debate en la ciudad: ¿la seguridad mejora con más tecnología o con mejores policías? Para muchos ciudadanos, la respuesta aún está lejos de ser positiva.
Durante un sondeo realizado en distintos puntos urbanos, vecinos y comerciantes coincidieron en que la adquisición de unidades modernas no resolverá el problema de fondo si no se corrigen vicios históricos dentro de la corporación. La falta de capacitación, la ausencia de supervisión efectiva y la desconfianza hacia los elementos fueron los señalamientos más recurrentes.
En zonas de alta afluencia vehicular, ciudadanos relataron escenas que contrastan con el discurso oficial de modernización. En un cruce con semáforos fuera de servicio, habitantes observaron patrullas nuevas estacionadas sin que los agentes intervinieran para ordenar el tránsito. Para ellos, la imagen resume una percepción generalizada: hay equipo, pero no acción.
Otros entrevistados consideraron que la inversión debería haberse orientado a necesidades más urgentes de la ciudad, como la pavimentación y el mantenimiento de vialidades. “Las calles están destrozadas y eso también afecta la seguridad”, comentó uno de los vecinos, quien cuestionó las prioridades del gasto público.
La tecnología incorporada a las patrullas tampoco genera plena confianza. Varias personas recordaron experiencias pasadas con cámaras corporales que, aseguran, dejaron de funcionar justo en momentos clave. “El problema no es tener cámaras, es que realmente las usen y no las apaguen”, expresó un comerciante del norte de la ciudad.
La duda sobre la capacitación de los policías fue otro punto central. Algunos ciudadanos se preguntan si los elementos saben operar los sistemas o si, una vez más, se trata de equipos costosos que terminarán subutilizados. A ello se suma el temor de que la corrupción persista, independientemente de la modernidad de las unidades.
Aunque hubo voces que reconocieron que no todos los policías actúan de manera indebida, la mayoría coincidió en que los elementos honestos parecen quedar opacados por prácticas negativas que dañan la imagen de toda la corporación.
Finalmente, surgieron cuestionamientos sobre la distribución del presupuesto en materia de seguridad y emergencias. Mientras las patrullas se renuevan con frecuencia, otras instituciones como Bomberos y Cruz Roja continúan operando con unidades antiguas y limitadas.
Para los ciudadanos, el arribo de patrullas con tecnología de punta no es, por sí mismo, sinónimo de mayor seguridad. La expectativa ahora está puesta en si esta inversión marcará un cambio real en la actuación policial o si terminará siendo, como muchos temen, otro símbolo de modernización sin resultados tangibles.

