Paso en Falso
La muerte de “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, volvió a sacudir al país. Los bloqueos, incendios y actos de violencia en diversas entidades no fueron rumores amplificados en redes: fueron hechos documentados. En Quintana Roo también hubo incidentes, aunque desde el poder se intentó matizar su dimensión. Y ahí comenzó la desconexión entre narrativa oficial y percepción ciudadana.
Mientras la gobernadora Mara Lezama detallaba que en otros estados hubo violencia —algunas imágenes, dijo, fabricadas con IA; otras, reales— en el caso local optó por restar importancia a los hechos delictivos. El mensaje fue de “paz” (pese a los 15 autos quemados, dos comercios atacados y nueve detenidos -datos dados por la gobernadora-). Sin embargo, la ciudadanía ya no compra discursos sin contraste. Porque una cosa es evitar el pánico y otra minimizar lo evidente. Gobernar no es administrar percepciones, es asumir realidades.
La contradicción se profundizó cuando universidades privadas como Universidad La Salle, Universidad Interamericana para el Desarrollo (UNID) y el Boston College Cancún, entre otras, optaron por suspender clases el lunes. En contraste, el gobierno estatal mantuvo abiertas las escuelas públicas. El resultado fue visible: planteles vacíos en distintos municipios, porque madres y padres decidieron priorizar la seguridad de sus hijos por encima del mensaje institucional. Cuando la sociedad actúa en sentido contrario al discurso oficial, algo no está funcionando.
Se ha insistido en que este es un gobierno “humanista con corazón feminista”. Pero el humanismo no puede ser retórico. Si la prioridad es el bienestar, las decisiones deben ser coherentes y preventivas, no reactivas. Cancelar la agenda de la gobernadora por “mal clima” mientras se mantiene la normalidad escolar en un contexto de tensión envía señales contradictorias. La confianza pública no se construye con frases contundentes, sino con congruencia. Y hoy, esa congruencia está a prueba.

