Paso en Falso
En la política quintanarroense hay rumores que se quedan en los cafés y filtraciones que terminan aterrizando en las redacciones. En los últimos días, varios periodistas hemos escuchado lo mismo en distintos pasillos: el golpeteo mediático contra Rafael Marín Mollinedo no es espontáneo ni producto de investigaciones aisladas. Según mis fuentes en el ámbito político y mediático, se trata de una operación que estaría coordinándose desde el propio gobierno del Estado. Lo que comenzó como señalamientos sobre supuestos actos anticipados de campaña hoy tiene la forma de una estrategia clara para intentar frenar a Rafael Marín Mollinedo antes de que siquiera arranque formalmente la carrera por la gubernatura de Quintana Roo.
La narrativa es conocida: “Marín adelantándose”, “Marín violando reglas internas”. Sin embargo, el argumento pierde fuerza cuando se contrasta con la realidad política. Marín es, guste o no a sus adversarios, uno de los cuadros históricos del lopezobradorismo en Quintana Roo. Acompañó el movimiento desde sus etapas más difíciles y mantiene vínculos directos con la militancia fundadora de Morena en el estado. Por eso las expresiones de apoyo que han surgido en distintas regiones no son una campaña organizada, sino el reflejo de una base que lo identifica como parte de su propia historia política.
Las filtraciones que circulan entre nosotros los periodistas apuntan hacia operadores de comunicación vinculados al entorno de la gobernadora Mara Lezama. En ese esquema aparecen nombres conocidos en el circuito político-mediático: Alfonso Brito y Cuitláhuac García, quienes participaron en la operación de prensa desde la etapa en que la mandataria gobernaba Benito Juárez. Ambos han trabajado en diversas campañas políticas, en proyectos coordinados por Hugo Scherer durante procesos electorales para gubernaturas en la elección pasada. A ello se suma su participación en estrategias de comunicación durante la campaña y el gobierno de Francisco García Cabeza de Vaca en Tamaulipas, algo por demás polémico.
Si estas filtraciones reflejan lo que realmente está ocurriendo, el escenario cambia de dimensión. Ya no sería un simple debate interno dentro de Morena, sino un intento desde el aparato estatal por contener a un aspirante que podría competir con fuerza en la sucesión. En ese contexto también aparece el nombre de Gino Segura, a quien algunos sectores ven como la apuesta política que podría impulsarse con el respaldo del Partido Verde, aunque bajo las siglas de Morena. El problema de este tipo de maniobras es que rara vez pasan desapercibidas: cuando el golpeteo se percibe como una operación desde el poder, suele provocar el efecto contrario. Y en política, pocas cosas fortalecen tanto a un aspirante como la sensación de que el aparato se activó para frenarlo.

