mayo 29, 2026
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Redacción / Quintana Roo Ahora

En política, pocas cosas generan más nerviosismo que la posibilidad de perder el control del poder. Y cuando las encuestas dejan de favorecer a determinados grupos, las campañas de contraste suelen transformarse en verdaderas guerras de desgaste mediático.

En Quintana Roo, diversas voces al interior de Morena han comenzado a señalar que desde estructuras vinculadas al aparato gubernamental se estaría impulsando una estrategia de comunicación orientada a desacreditar a figuras nacionales y locales de la Cuarta Transformación. Entre los nombres que han aparecido en el debate destacan Andrés Manuel López Beltrán, Adán Augusto López Hernández y el propio Rafael Marín Mollinedo.

Los señalamientos apuntan hacia la Coordinación General de Comunicación Social del Gobierno del Estado, encabezada por Laura Aguilar Loredo, y a operadores políticos cercanos al grupo gobernante. De acuerdo con estas versiones, existiría una ofensiva mediática que busca influir en la percepción pública rumbo a la sucesión política de 2027.

La controversia cobró fuerza tras el anuncio de Andrés Manuel López Beltrán de participar en el proceso para buscar una diputación federal por Tabasco. Desde entonces, simpatizantes del movimiento aseguran que se intensificaron las publicaciones, comentarios y análisis dirigidos a cuestionar su figura política y su papel dentro de Morena.

En paralelo, el senador Adán Augusto López Hernández también ha sido objeto de señalamientos y críticas en diversos espacios mediáticos. Sus expresiones de respaldo a López Beltrán fueron interpretadas por algunos sectores como una muestra de alineamiento político que incomodó a determinados grupos con intereses en la futura disputa electoral.

Pero el debate no se limita a personajes nacionales. En Quintana Roo, la discusión también alcanza a Rafael Marín Mollinedo, identificado como uno de los fundadores del movimiento en la entidad y cuyo nombre aparece con frecuencia en las conversaciones sobre la sucesión gubernamental.

Para quienes sostienen esta tesis, el trasfondo de las campañas de desgaste sería la disputa por la candidatura de Morena para la gubernatura. Afirman que el descenso de algunos perfiles en mediciones recientes habría provocado una reacción política y mediática destinada a reposicionar a determinados aspirantes y frenar el crecimiento de otros liderazgos.

Las acusaciones incluso alcanzan a medios de comunicación y analistas que, según los críticos del actual grupo gobernante, reciben recursos públicos para promover narrativas favorables al oficialismo estatal y minimizar temas relacionados con corrupción, inseguridad o desempeño gubernamental.

Del otro lado, no existe hasta el momento evidencia pública que confirme la existencia de una operación coordinada de este tipo ni una postura oficial que responda a las acusaciones. Sin embargo, el tema ha comenzado a ocupar espacios importantes dentro del debate político quintanarroense.

Lo cierto es que, conforme se acerca el proceso electoral de 2027, la lucha por el control político de Morena en Quintana Roo parece intensificarse. Y como suele ocurrir en los momentos de definición, las batallas ya no se libran únicamente en territorio o en las estructuras partidistas, sino también en los medios, las redes sociales y la percepción pública.

La pregunta de fondo es si estas confrontaciones responden a diferencias legítimas dentro del movimiento o si forman parte de una estrategia para influir anticipadamente en la sucesión política. Mientras tanto, la disputa continúa y las señales apuntan a que apenas comienza.