Redacción / Quintana Roo Ahora
México.- Mientras en distintas regiones del país crecen los debates sobre el impacto de los megaproyectos, el puerto de Topolobampo, en Sinaloa, se ha convertido en el escenario de una nueva confrontación entre desarrollo industrial y conservación ambiental.
Habitantes, pescadores y organizaciones ambientalistas se manifestaron recientemente contra la construcción de una planta de amoniaco promovida por la empresa Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), filial de la compañía internacional Proman. Los inconformes aseguran que el proyecto podría generar daños irreversibles en la Bahía de Ohuira, uno de los ecosistemas más importantes del norte de México.
Pero, ¿qué es el amoniaco?
El amoniaco es un compuesto químico formado por nitrógeno e hidrógeno (NH₃), ampliamente utilizado en la fabricación de fertilizantes agrícolas, productos de limpieza, explosivos, plásticos, textiles y otros procesos industriales. Debido a su importancia para la producción de alimentos, es considerado una sustancia estratégica para diversos sectores económicos.
La planta proyectada en Topolobampo tendría capacidad para producir alrededor de 2 mil 200 toneladas diarias de amoniaco, convirtiéndose en una de las más importantes de América Latina.
Sin embargo, el colectivo ambientalista “¡Aquí no!” sostiene que la operación de la planta pondría en riesgo la biodiversidad de la Bahía de Ohuira, un área donde habitan delfines, aves migratorias, lobos marinos y especies de importancia comercial para la pesca.
Los opositores argumentan que el proyecto requerirá grandes volúmenes de agua de mar para sus procesos industriales, lo que podría alterar las condiciones del ecosistema y afectar actividades económicas como la captura de camarón, una de las principales fuentes de ingresos de la región.
Además, comunidades indígenas mayo-yoreme han expresado preocupación por el posible impacto sobre su territorio, su patrimonio cultural y sus actividades tradicionales ligadas a la pesca y al aprovechamiento sustentable de los recursos naturales.
Por su parte, GPO asegura que el proyecto cumple con las disposiciones ambientales establecidas por las autoridades federales y sostiene que la planta será construida en una zona previamente impactada por actividades industriales. La empresa también afirma que implementará programas de monitoreo y conservación de especies, así como medidas para proteger manglares, fauna marina y aves migratorias.
La controversia ha trascendido el ámbito local. Una petición ciudadana para detener el proyecto ha reunido más de 125 mil firmas en internet, mientras continúan las movilizaciones y el debate sobre los beneficios económicos de la inversión frente a los posibles riesgos ambientales.
El caso de Topolobampo se suma a otros conflictos socioambientales en México, donde comunidades exigen mayor participación en las decisiones relacionadas con proyectos de gran escala que podrían transformar su entorno y su forma de vida.

