Redacción / Quintana Roo Ahora
En política suelen decir que hay tiempos para todo. Tiempo para gobernar, tiempo para trabajar… y tiempo para hacer campaña. El problema es cuando algunos deciden saltarse el orden.
Mientras el sistema de salud de Quintana Roo sigue esperando una receta que realmente funcione, el secretario Flavio Carlos Rosado parece haber encontrado una prioridad distinta: recorrer Isla Mujeres con una frecuencia que difícilmente puede interpretarse como una simple agenda institucional.
Porque una cosa es supervisar, gestionar o atender asuntos oficiales. Otra muy distinta es comenzar a aparecer donde casualmente también empiezan a sonar las campanas electorales.
Lo curioso es que la Secretaría de Salud no atraviesa precisamente por su mejor momento. Las quejas por falta de medicamentos continúan, las largas esperas siguen siendo parte del diagnóstico cotidiano y el personal médico hace más con menos desde hace tiempo. Sin embargo, pareciera que el único paciente que hoy recibe atención preferente es un proyecto político.
Y ahí surge la pregunta inevitable: ¿de verdad éste era el mejor momento para empezar a construir una candidatura?
En Isla Mujeres el mensaje tampoco parece tan sencillo como algunos imaginan. Los isleños conocen a quienes han trabajado durante años por el municipio y también identifican a quienes aparecen cuando el calendario electoral comienza a marcar la cuenta regresiva. Llegar con la estructura del gobierno no siempre garantiza el respaldo ciudadano.
Quizá en el escritorio de la Secretaría alguien confundió la consulta médica con la consulta electoral.
Porque mientras miles de quintanarroenses siguen esperando una mejor atención en hospitales y centros de salud, Flavio Carlos Rosado parece decidido a invertir buena parte de su tiempo en otro tipo de recorridos, donde abundan más las fotografías que los resultados.
La política tiene memoria, pero los ciudadanos también. Y cuando llegue el momento de pedir el voto, seguramente muchos recordarán que, mientras el sistema de salud seguía necesitando terapia intensiva, su secretario parecía más ocupado revisando el pulso de una posible candidatura que el de los hospitales.

