Redacción / Quintana Roo Ahora
Por fin llegó la gran noticia que Cancún estaba esperando: el Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo” analiza la posibilidad de incorporar 200 vehículos eléctricos a su flotilla de más de 8 mil 600 unidades.
¡Qué maravilla! Cancún rumbo al futuro… aunque falta saber si los pasajeros también podrán viajar al futuro o tendrán que seguir lidiando con los mismos problemas de siempre.
La propuesta contempla que los agremiados puedan acceder a esquemas de financiamiento para adquirir automóviles eléctricos. Una idea bastante moderna, ecológica y hasta presumible.
El problema es que parece que alguien olvidó un pequeño detalle: el automóvil no es el que presta el servicio, lo presta el conductor.
Porque sí, podemos tener taxis eléctricos, silenciosos, modernos, con tecnología de punta y hasta capaces de detectar un semáforo a kilómetros de distancia. Pero si al volante está el mismo operador que se molesta porque el pasajero pregunta cuánto le va a cobrar, que decide si quiere llevarlo o no, que maneja como si estuviera compitiendo en Fórmula 1 o que trata al usuario como si le estuviera haciendo un favor…
Pues tendremos un taxi eléctrico con actitud de taxi del siglo pasado.
Y es aquí donde uno se pregunta si el sindicato realmente está entendiendo lo que los usuarios necesitan.
Porque antes de presumir vehículos eléctricos habría que recordar el desfile de modernizaciones que se han anunciado en los últimos años: aplicaciones que prometieron revolucionar el servicio y terminaron prácticamente en el cajón; taxímetros que fueron anunciados como la solución para transparentar las tarifas y que nunca terminaron de convertirse en una herramienta cotidiana para el usuario; y una larga lista de estrategias que, en teoría, iban a mejorar el servicio.
La tecnología nunca ha sido el problema.
El problema es que puedes ponerle WiFi, pantalla táctil, aire acondicionado, cargador inalámbrico y hasta inteligencia artificial a un taxi, pero no existe aplicación capaz de corregir la mala actitud de un conductor.
Y quizá ahí está la verdadera modernización que necesita el sindicato.
No se trata únicamente de cambiar los taxis de gasolina por eléctricos. También habría que cambiar algunas prácticas, capacitar de verdad a los operadores, mejorar el trato al usuario, transparentar las tarifas, garantizar que el servicio sea digno y entender que quien se sube al taxi no es un favor que se le hace al pasajero: es un cliente.
Porque mientras el sindicato presume que quiere llevar a Cancún hacia la movilidad del futuro, muchos usuarios siguen esperando algo mucho más básico: un taxi que quieran tomar, un conductor que los trate bien y una tarifa que sepan cuánto van a pagar antes de llegar a destino.
Así que sí: bienvenida la flotilla eléctrica.
Pero quizá antes de preguntarnos cuándo llegarán los 200 taxis eléctricos habría que hacer otra pregunta:
¿Cuándo llegará la modernización de los choferes?
Porque de poco sirve tener un taxi del año 2030 con un conductor que sigue pensando como en 1990.
Cancún no necesita solamente taxis eléctricos.
Necesita un servicio que deje de hacer que el usuario extrañe cuando existía Uber.

