octubre 23, 2026
Inundación urbana en Plaza Tukana (1)

Redacción / Quintana Roo Ahora

Cancún, Quintana Roo.— Hay fechas que quedan grabadas para siempre en la memoria de una ciudad. El 21 de octubre de 2005 es una de ellas. Aquel día, miles de familias en Cancún comenzaron a vivir una de las experiencias más aterradoras de sus vidas: la llegada del huracán Wilma.

Todo comenzó con un cielo gris, calles que poco a poco se quedaban vacías y familias que aseguraban puertas y ventanas con lo que tenían a la mano. Los supermercados estaban abarrotados, las gasolineras registraban largas filas y en cada hogar había una misma preocupación: ¿qué tan fuerte sería el huracán?

Pero nadie imaginaba cuánto tiempo duraría aquella pesadilla.

Las primeras horas transcurrieron entre lluvias intensas y ráfagas de viento. Después llegó la oscuridad. La electricidad comenzó a fallar, las comunicaciones se interrumpieron y el sonido del viento se convirtió en el protagonista de una noche interminable.

Las ventanas temblaban, los techos crujían y las familias permanecían reunidas en los rincones más seguros de sus viviendas. Afuera, Cancún estaba siendo golpeado por uno de los huracanes más destructivos de su historia.

Y lo peor era que Wilma parecía no querer marcharse.

Durante aproximadamente 60 horas, el fenómeno azotó el norte de Quintana Roo. El viernes se convirtió en sábado y, para miles de personas encerradas en sus casas, las horas parecían eternas.

Cuando finalmente el viento comenzó a disminuir, llegó otro golpe: descubrir lo que había quedado de la ciudad.

Calles inundadas, árboles arrancados de raíz, postes derribados, negocios destruidos, viviendas dañadas y una zona hotelera irreconocible. Las playas que habían hecho famoso a Cancún habían perdido enormes cantidades de arena.

En muchas colonias no había luz, agua potable ni comunicación. Conseguir alimentos, hielo o simplemente saber cómo estaban los familiares se convirtió en una preocupación diaria.

Sin embargo, en medio de la destrucción también apareció otra cara de Cancún: la solidaridad.

Vecinos que compartían lo poco que tenían, personas que ayudaban a retirar árboles y escombros, familias que ofrecían alimentos y ciudadanos que, sin esperar nada a cambio, comenzaron a reconstruir su comunidad.

Poco a poco regresó la electricidad, se limpiaron las calles, los negocios levantaron sus cortinas y las playas comenzaron su recuperación.

Hoy, 23 de octubre de 2026, han pasado 21 años de aquel huracán que cambió para siempre la historia de Cancún.

Para las nuevas generaciones, Wilma es una historia que escuchan de sus padres y abuelos. Pero para quienes estuvieron ahí, basta recordar el ruido del viento, la oscuridad y aquellos días de incertidumbre para sentir que todo ocurrió ayer.

Porque Wilma no solamente destruyó edificios, hoteles y calles. También dejó recuerdos, lecciones y una ciudad que aprendió a levantarse después de la tormenta.

Han pasado 21 años, pero quienes vivieron el huracán Wilma saben que hay tormentas que nunca se borran de la memoria.

Y tú, ¿dónde estabas cuando el huracán Wilma golpeó Cancún en octubre de 2005? ¿Qué es lo que más recuerdas de aquellos días?