Redacción / Quintana Roo Ahora
Cancún, Quintana Roo.— Durante décadas nos han repetido que el turismo es el gran motor económico de Quintana Roo. Hoteles, playas, millones de visitantes y cifras que suelen utilizarse para presumir el éxito del Caribe Mexicano. Pero detrás de esa postal existe otra realidad: la de quienes buscan desesperadamente un empleo y la de aquellos que, aun teniendo trabajo, enfrentan los llamados “días solidarios” sin goce de sueldo.
Basta observar lo que ocurre cuando algún hotel anuncia vacantes. Más de 300 personas pueden acudir con una carpeta bajo el brazo y la esperanza de conseguir un puesto. Hay quienes gastan lo último que tienen en transporte, copias, fotografías y documentos para presentarse a una entrevista.
Horas de espera para competir por unas cuantas plazas.
Y después, para muchos, simplemente silencio.
Una ciudadana quintanarroense relató precisamente esa experiencia. Acudió a una entrevista, entregó toda la documentación que le solicitaron y gastó recursos que apenas tenía para trasladarse. Le dijeron que esperarían comunicarse con ella.
La llamada nunca llegó.
Ni un mensaje para decirle que el puesto había sido ocupado. Ni un “gracias por participar”. Nada.
Y quizá para una gran empresa eso parezca insignificante, pero para una persona desempleada significa dinero, tiempo y esperanza invertidos.
¿En qué momento dejamos de ver a la persona detrás de una solicitud de empleo?
El problema tampoco termina con quienes están buscando trabajo.
Entre trabajadores del sector turístico también existe preocupación por los llamados “días solidarios”, jornadas en las que, ante una menor ocupación o reducción de la actividad, algunos empleados dejan de laborar y, según testimonios y denuncias laborales que suelen acompañar estas prácticas, pueden quedarse sin percibir el ingreso correspondiente.
El nombre puede sonar amable: “día solidario”.
Pero cuando hay renta, luz, agua, transporte, colegiaturas y comida que pagar, de solidario tiene muy poco para el bolsillo del trabajador.
Para una familia que vive prácticamente al día, perder uno, dos o varios días de ingreso durante una quincena puede significar la diferencia entre completar la despensa o comenzar a acumular deudas.
Entonces aparece una contradicción difícil de ignorar.
Cancún puede recibir turistas mientras sus trabajadores atraviesan dificultades para encontrar empleo o conservar íntegros sus ingresos.
No se trata de afirmar que todos los hoteles actúan de la misma manera ni de desconocer que la actividad turística atraviesa temporadas de distinta demanda. Se trata de reconocer que detrás de cada ajuste empresarial existen trabajadores y familias que absorben directamente sus consecuencias.
Porque durante los años buenos se habla de ocupación hotelera, derrama económica, nuevos cuartos y crecimiento.
Pero cuando llegan los tiempos complicados, ¿quién termina pagando primero la factura?
Con demasiada frecuencia, el trabajador.
La industria turística no se sostiene únicamente con inversiones, habitaciones y campañas de promoción. Se sostiene con camaristas, meseros, cocineros, recepcionistas, bellboys, jardineros, operadores, guardias, mantenimiento, animadores y miles de personas que todos los días hacen funcionar este destino.
Por eso resulta preocupante ver largas filas buscando una oportunidad mientras otros trabajadores intentan sobrevivir con menos días de ingreso.
El éxito turístico también debería medirse por la calidad de vida de quienes hacen posible el turismo.
Cancún necesita visitantes, sí.
Necesita inversiones, también.
Pero necesita, sobre todo, que quienes han dedicado años de su vida a construir uno de los destinos turísticos más importantes de México puedan vivir dignamente de su trabajo.
Porque cuando en la capital turística del Caribe Mexicano cientos hacen fila por unas cuantas vacantes y otros aceptan quedarse en casa sin sueldo bajo el nombre de “día solidario”, hay una conversación que Quintana Roo ya no debería seguir aplazando.

