Redacción / Quintana Roo Ahora
En política hay frases que envejecen mal. Una de ellas es esa que dice que Morena es diferente, que no es igual a los partidos de antes, que aquí no hay dedazos, ni padrinos, ni acuerdos de cúpula.
Y entonces aparece un acta de matrimonio.
No, el problema no es que Eugenio «Gino» Segura se haya casado. Que quede claro. El amor no está a discusión. Lo interesante es quiénes aparecen en primera fila cuando se toma la foto política.
Y basta con revisar quiénes aparecen como testigos en su acta de matrimonio: nada más y nada menos que la primera mujer gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, y Jorge Emilio González Martínez, mejor conocido como el “Niño Verde”.
Más allá de un asunto personal, la fotografía política resulta reveladora. Porque vuelve a confirmar lo que muchos dentro y fuera de Morena consideran evidente: en Quintana Roo, quien realmente opera y mueve las piezas es el Partido Verde. La preocupación de la militancia no es menor; cada vez son más quienes sienten que Morena ha dejado de escuchar la voz de sus bases para atender los intereses políticos y económicos de su principal aliado. Y mientras eso ocurra, será difícil hablar de una verdadera transformación.
Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿Gino es el candidato de Morena o el candidato que impulsa el Verde?
Porque si algo ha presumido Morena desde su nacimiento es que combatía precisamente eso: las candidaturas construidas desde las élites, los grupos de poder y los acuerdos entre amigos.
Pero parece que en Quintana Roo la transformación tiene un curioso tono verde.
Los militantes que presentaron la queja ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia no están cuestionando una boda. Lo que cuestionan es el mensaje político. Porque cuando el principal operador histórico del Partido Verde aparece tan cerca de un aspirante, la percepción es inevitable.

Y la percepción importa.
Más aún cuando la gobernadora también aparece dentro del círculo cercano de uno de los contendientes. Porque mientras algunos recorren el estado buscando construir una candidatura, otros parecen llegar con el respaldo incluido en el paquete.
Quizá por eso muchos morenistas de base comienzan a preguntarse si la transformación que les prometieron realmente llegó o simplemente cambió de color.
Porque una cosa es hacer alianza electoral y otra muy distinta es permitir que un partido aliado termine decidiendo quién será el próximo candidato de Morena.
Al final, la pregunta sigue en el aire:
Si el proyecto lo construye el Verde, los respaldos vienen del Verde y los principales operadores son del Verde…
¿exactamente dónde empieza Morena y dónde termina el Verde?
Tal vez esa sea la verdadera discusión que hoy incomoda a más de uno dentro del movimiento.

